|
De los cartagineses a los romanos, de los romanos a los árabes, luego los Católicos, y así hasta nuestros días. Cartagena, Murcia, remonta sus raices conocidas a tres siglos antes de Jesucristo, cuando esta ciudad se llamaba Quart Hadast. Fue bajo el dominio romano cuando esta ciudad vivió sus momentos de esplendor, llegando a ser una colonia romana denominada Urbs Iulia Nova Cartago, y basó su economía en la minería y en el mar, su puerto, cuyas instalaciones son a día de hoy, más de 2000 años después, unas de las más importantes de España.
El fin del Imperio romano en esta ciudad trajo consigo el fin de la prosperidad de la época, el paso de los vándalos, los visigodos o los bizantinos no dejaron una gran huella, grandes peleas, batallas, y guerras, entre ellos que alzaron y hundieron la ciudad, hasta que en el año 734 cayó bajo poder musulmán e inició su recuperación como ciudad.
En 1245, el Principe Alfonso -posteriormente Alfonso X El Sabio- conquistó la ciudad que recuperó su condición de sede episcopal, pero sin variar el rumbo decadente de la ciudad. Cartagena recobró su antigua importancia en el siglo XVIII cuando la ciudad empieza a crecer económicamente gracias a la intensa actividad mercantil que en ella se produce, multiplicando su población, que ya superaba los 50.000 habitantes. La minería activó la industria y el comercio, y Cartagena, Murcia, comenzó un periplo de crecimiento que nos lleva hasta nuestros días. |